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El regreso de los muertos vivos

Basuras de la derecha más rancia de argenta: ¡Reptiliano versus ponebombas! Larreta y Bullrich se cruzaron en redes y desenterraron fantasmas personales

Archivo, chicana y reproches: cuando la política se convierte en ajuste de cuentas.

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La secuencia fue clara y no admite maquillaje. Horacio Rodríguez Larreta publicó un mensaje crítico hacia el gobierno legítimo de Venezuela, cuestionando el operativo militar de Estados Unidos y advirtiendo sobre el impacto que ese tipo de acciones puede tener sobre la soberanía de los Estados. No fue una definición brillante ni disruptiva, pero sí coherente con el Larreta de siempre: tono moderado, advertencias generales y ninguna consecuencia política detrás.

La respuesta no tardó en llegar. Patricia Bullrich eligió el camino más corto: la chicana. “Dios, qué tibio”, escribió, y lo acusó de coincidir con el kirchnerismo. No hubo argumentos, no hubo refutación, no hubo discusión de fondo. Solo el reflejo pavloviano de quien necesita mostrarse dura incluso cuando no está discutiendo nada concreto. El problema es que la dureza, cuando se convierte en eslogan permanente, deja de ser carácter y pasa a ser pose.

Ahí la pelea dejó de fingir ser ideológica y pasó a ser personal. Larreta respondió con una foto del pasado de Bullrich, recordándole su militancia setentista y su paso por organizaciones armadas. No fue sutileza ni debate histórico: fue archivo como misil, una forma de decir “no me corras por derecha porque tu biografía no te deja”. El mensaje fue brutal y directo: la que hoy se presenta como halcón del orden tuvo un pasado que incomoda incluso a sus propios aliados.

El cruce dejó a los dos mal parados. Bullrich quedó atrapada en su contradicción más evidente: exige firmeza moral mientras esquiva cualquier revisión seria de su propio recorrido político, que va del peronismo revolucionario al macrismo y de ahí a La Libertad Avanza sin escalas ni explicaciones. Larreta, en tanto, confirmó su deriva: sin poder real, sin estructura y sin proyecto, recurre al archivo porque ya no tiene futuro que ofrecer.

Nada de lo ocurrido aportó una posición argentina consistente sobre Venezuela, ni sobre derecho internacional, ni sobre política exterior. Fue una pelea de egos en horario central, donde uno gritó para no explicar y el otro recordó el pasado para no hablar del presente. La política reducida a Twitter, con dirigentes grandes jugando a ser comentaristas de sí mismos.

El dato más grave no es el tono, sino el síntoma. Bullrich y Larreta fueron protagonistas centrales del PRO, disputaron una PASO presidencial y prometieron liderazgo. Hoy discuten como ex socios resentidos, sin partido, sin rumbo y sin autoridad. Cuando la discusión termina en “vos sos tibio” contra “vos ponías bombas”, lo que queda claro es que no hay ideas, solo heridas abiertas.

Venezuela fue apenas el pretexto. La verdadera escena fue otra: dos figuras del pasado reciente argentino usando conflictos ajenos para dirimir cuentas propias, mientras confirman que su interna ya no define el futuro de nadie.

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