En el día de ayer, el representante legal de nuestro medio radicó la denuncia penal PP 09-00-014873-26/00, que tiene a la Fiscalía 4 y al Juzgado de Garantías 3, para que se determine qué ocurrió con nuestra máquina Invicta 26 – Societa Nebiolo Torino.
Bragado detrás de hechos estaría el chorro y corrupto intendente Barenghi: Atentado al diario Censor desaparecido la impresora, defensa de la libertad de expresión
El hecho sucede meses después de una sucesión de situaciones que nuestro medio atravesó, donde, por el simple hecho de preguntar y querer comunicar hechos, la persecución fue escalando a niveles impensados. Además, todo esto estuvo acompañado por una fuerte campaña de militantes y trolls del gobierno local en contra de la actividad del medio, con campañas de difamación y acusaciones orientadas a descalificarlo, pero, lógicamente, sin poder probar lo contrario de lo que el diario informa.
No es lo mismo hablar de hechos concretos, de datos, y poder aportar pruebas de lo que se informa, que el simple hecho de atribuir intenciones o realizar interpretaciones. Hay asociaciones que realizan los adversarios del medio, que son hasta caricaturescas. De hecho, no tienen otras herramientas por el propio desconocimiento de la materia. Los vínculos no son pruebas en si mismo, por lo tanto las asociaciones en ese caso no pueden existir sin las pruebas propias de lo que se expresa. Como no existe, es en vano lo que proponen.
Uno de los informes que construimos el último tiempo, gira en torno a la relación que existe entre el Servicio Local de una ciudad vecina y el actual gobierno municipal. También investigamos cómo, desde una empresa vinculada al poder local, se habrían establecido relaciones con distintos sectores y medios de comunicación y cómo puede influir todo ese círculo de vínculos en el tratamiento de los temas que hacen al área.

En esto hay que destacar que justamente se habla de influencia, y el punto es abstracto, porque en su composición, lo que si es claro, es que hay un tendencia por parte de los medios a cuidar a sus aportantes.
Si bien no hay ninguna ilegalidad en que los medios tengan publicidad de una empresa determinada, es fundamental que esto no sea motivo para que se oculten problemas que giran en torno a determinada área. Cuando existen relaciones estrechas entre quienes ejercen funciones públicas, empresas y distintos actores de la comunidad, corresponde que el periodismo pueda investigar y preguntar sin que eso genere consecuencias sobre su actividad.
Ante nuestra investigación, entendemos que se pueden haber agitado varias cosas y, si bien pueden existir diversas casualidades y los hechos no estar conectados unos con otros, resulta llamativo que algunas de las personas involucradas pertenezcan a determinados circuitos de relaciones y amistades.

Nuestra tesis periodística, en relación con los vínculos que se dan en las ciudades del interior, justamente propone que las pautas y publicidades, al ser tan necesarias para que un medio subsista, pueden convertirse en un elemento que condicione los vínculos y la manera en que determinados temas son tratados en la escena pública.
Nuestra primera intervención fue a partir de un caso que nos llevó a observar determinadas actuaciones y a preguntarnos qué tipo de relaciones existen entre distintos organismos, sectores políticos y gobiernos. Eso fue lo que motivó nuestro espíritu periodístico.
Paralelo a nuestra investigación, comenzó toda una serie de movimientos en contra de nuestro medio: desde operaciones dirigidas a las marcas que nos apoyan, una serie de proyecciones de falsas informaciones para generar disputas con fuentes políticas, hasta acciones más concretas, como el pedido inminente de la mudanza de nuestro medio y, por último, la desaparición de la máquina.
Entendemos que la máquina debe aparecer. Y entendemos también que cualquier explicación que pretenda justificar su desaparición deberá ser analizada dentro de la investigación correspondiente, que la debe realizar el ministerio público fiscal sin ningún tipo de impedimento. Lo que no puede naturalizarse es que un medio de comunicación termine atravesando situaciones de esta naturaleza simplemente por investigar, preguntar o publicar aquello que determinados sectores del poder preferirían que no se conociera.

Porque el problema de fondo no es solamente una máquina. El problema es mucho más grande: es la libertad de expresión.
La libertad de expresión no es un privilegio de los periodistas. No pertenece a un diario, a un gobierno, a un partido político ni a una empresa. Es un derecho de todos. Y cuando un periodista puede preguntar, investigar y publicar, también está garantizando que cualquier ciudadano pueda tener acceso a información que de otra manera podría permanecer oculta.
Por eso, cuando se intenta silenciar a un medio, no solamente se intenta afectar a quienes trabajan en él. También se afecta a quienes necesitan de ese medio para hacer escuchar su voz. Al vecino que no consigue una respuesta. Al trabajador que necesita denunciar una situación. A la familia que siente que nadie la escucha. A quien tiene un problema con el Estado y no encuentra dónde contarlo.
El periodismo tiene precisamente esa función: incomodar cuando corresponde, preguntar cuando otros no preguntan y poner sobre la mesa aquello que el poder preferiría mantener en silencio.
Un gobierno democrático debe poder convivir con la crítica. Debe poder aceptar que existan medios que no coincidan con sus decisiones. Debe entender que informar sobre una situación incómoda no significa atacar a un gobierno. Y que cuestionar una decisión oficial no convierte automáticamente a quien pregunta en enemigo político.
La democracia no se fortalece cuando todos dicen lo mismo. Se fortalece cuando existen distintas voces, cuando hay periodistas que pueden investigar y cuando los ciudadanos pueden conocer distintas versiones de una misma realidad para formar su propia opinión.
La libertad de expresión también implica libertad para equivocarse, para preguntar, para cuestionar y para investigar. Por supuesto que el periodismo debe responder por lo que publica y sostener sus afirmaciones con responsabilidad. Si cada pregunta puede generar una represalia, cada investigación puede provocar una operación y cada publicación puede terminar en un ataque, entonces lo que comienza a desaparecer no es solamente una máquina: comienza a desaparecer el periodismo.
Y eso es peligroso para todos.
Los vínculos que se generan alrededor del Estado no deben convertirse en una herramienta para condicionar la tarea periodística. La pauta tampoco puede transformarse en un mecanismo para premiar silencios o castigar críticas. La publicidad es una herramienta comercial; la libertad de expresión es un derecho. No pueden confundirse.
Un medio no debería tener que elegir entre decir lo que piensa y poder sobrevivir. No debería tener que pertenecer a un determinado circuito de amistades, relaciones políticas o intereses económicos para poder trabajar. Y ningún periodista debería tener que preguntarse qué consecuencias puede tener publicar una investigación antes de decidir si debe hacerla.
Nosotros sabemos los costos que tiene hacer periodismo de investigación en ciudades tan chicas, donde muchas veces todos se conocen, donde las relaciones personales se mezclan con las políticas y donde cuestionar al poder puede significar quedar afuera de determinados círculos.
No hay problema. Los asumimos.
Porque entendemos que el periodismo no está para formar parte del poder. Está para controlarlo.
No estamos para agradar a un gobierno ni para construir enemigos. Estamos para preguntar. Para investigar. Para informar. Para publicar. Y también para darle espacio a quienes no tienen otra manera de hacer escuchar su voz.
Nos reconforta que mucha gente, cuando necesita contar lo que el Estado les hace, pueda confiar en nosotros. Esa confianza es mucho más importante que cualquier vínculo con el poder.
Y quienes defienden ciegamente a un gobierno deberían entender algo elemental: defender la libertad de expresión no significa defender a un medio. Significa defenderse a uno mismo. Porque hoy puede ser un diario incómodo para un gobierno determinado y mañana puede ser cualquier ciudadano frente a otro gobierno.
El poder cambia. Los funcionarios pasan. Los gobiernos terminan. Pero los derechos permanecen.
Por eso no se trata de fe. Se trata de pruebas. No se trata de simpatías políticas. Se trata de libertad. No se trata de quién gobierna. Se trata de que, gobierne quien gobierne, exista siempre alguien dispuesto a preguntar qué está pasando.
Y los perjudicados, cuando esa posibilidad desaparece, siempre terminan siendo los mismos: los que menos tienen, los que no tienen contactos, los que no tienen recursos y los que no tienen voz.
Nosotros estamos, primero que todo, para ellos.
La libertad de expresión no se negocia. No se alquila. No se compra con publicidad. No depende de la simpatía de un funcionario ni de la aprobación de un gobierno.
La libertad de expresión se ejerce. Se defiende. Y se sostiene, incluso cuando hacerlo tiene un costo.
LIBERTAD DE EXPRESIÓN PARA SIEMPRE.
Fuente: Diario Censor





























