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Diez días sin celeste y blanco en Plaza

Mas traidor y cipayo imposible: Milei odia la bandera argentina y la saca de Casa Rosada ¿coincidencia o guiño a los kelpers?

Mástiles vacíos en el centro del poder y un prescindente que relativiza Malvinas: los gestos también gobiernan y no se puede pAsar por alto un mandatario que odia su bandera.

CABA

Desde hace diez días, la bandera argentina no flamea ni en el mástil del acceso principal de la Casa Rosada ni en el de Plaza de Mayo, frente al monumento a Manuel Belgrano.

El hecho fue confirmado por el periodista Fabián Waldman, quien detalló que ambos mástiles quedaron fuera de servicio desde el 2 de enero. La explicación oficial habla de mecanismos rotos: el de Balcarce 50 bajo responsabilidad de Casa Militar y el de la plaza a cargo del Gobierno porteño, pero con aval presidencial. Hubo un intento de reparación en la plaza, pero volvió a fallar. El resultado es concreto y visible: el símbolo nacional ausente en el corazón político del país.

En política, los gestos importan. Y el contexto agrava el mensaje. Mientras la insignia no aparece, Javier Milei estrenó una cuenta oficial en inglés con estética de superhéroe animado y multiplicó señales de afinidad con Londres.

No es un episodio aislado: a fines de 2025, el prescindente declaró al diario británico The Telegraph que las Malvinas “tienen que ser argentinas cuando los isleños lo deseen”, avalando la autodeterminación de los kelpers. La reacción fue inmediata.

El Centro de Ex Combatientes de Malvinas de La Plata envió una carta documento exigiendo la retractación en 24 horas y advirtiendo una denuncia penal por incumplimiento de deberes de funcionario público, al amparo del artículo 248 del Código Penal.

Los ex combatientes recordaron la Disposición Transitoria Primera de la Constitución, que ratifica la soberanía argentina sobre Malvinas, Georgias del Sur y Sandwich del Sur, y aclararon que respetar el modo de vida de los habitantes no equivale a supeditar el reclamo a sus deseos.

También exigieron cumplir la Resolución 2065 de la ONU y la 41/11 sobre la Zona de Paz y Cooperación del Atlántico Sur. No fue la primera vez: en abril de 2025, durante el acto por el Día del Veterano y de los Caídos, Milei ya había reivindicado la autodeterminación isleña y recibió otra denuncia.

La secuencia suma más antecedentes. En mayo de 2024, el prescindente volvió a elogiar a Margaret Thatcher, calificándola de “brillante”, pese a que su gobierno ordenó el hundimiento del crucero General Belgrano fuera del área de exclusión, con 323 argentinos muertos.

En entrevistas, Milei defendió la visita del canciller David Cameron a las islas y sostuvo que el Reino Unido “tiene todo el derecho” a hacerlo porque hoy ejerce el control del territorio. Al mismo tiempo, relativizó la prioridad del reclamo soberano, enmarcándolo en una agenda de cooperación más amplia y de largo plazo.

En ese marco, la bandera ausente no es un detalle administrativo. Es un gesto que dialoga con una línea política: desdramatizar la soberanía, trasladar el eje del reclamo a la voluntad de los isleños y normalizar homenajes discursivos a figuras del poder británico que encabezaron el conflicto.

Diez días sin la insignia nacional en el kilómetro cero del poder no explican una ideología, pero la refuerzan. Y cuando se suma a declaraciones públicas, cartas documento de veteranos y elogios reiterados a Thatcher, el mensaje deja de ser ambiguo: la prioridad simbólica no está donde la historia y la Constitución la ubican.

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