Política

Dólares a cualquier precio

Milei legaliza el delito: Un blanqueo sin impuestos, sin controles y sin vergüenza

En nombre de la libertad, Milei legitima la evasión y dinamita los pilares del sistema tributario argentino. Mientras se ajusta a los sectores más vulnerables, el Gobierno le abre la puerta grande al dinero no declarado.

Nazareno Napal

20/05/2025
Milei legaliza el delito: Un blanqueo sin impuestos, sin controles y sin vergüenza

En un país donde declarar los ingresos, pagar impuestos y cumplir la ley parece cosa de tontos, el presidente Javier Milei decidió elevar a héroes a los evasores, premiar a los que ocultaron sus dólares y darle vía libre al dinero sucio. Sin pudor y con total desprecio por quienes aún sostienen el sistema tributario, el gobierno anunció que avanza con un blanqueo generalizado de capitales, sin impuestos, sin origen comprobable y, si hace falta, por decreto.

Si, Milei lo dijo sin rodeos: no le importa de dónde salieron los dólares. Tampoco si fueron producto del narcotráfico, la corrupción o cualquier delito. “El narcotráfico se combate con el Ministerio de Seguridad, no con la economía”, repitió el Presidente como un eslogan libertario que legitima la ilegalidad mientras destruye los últimos restos de igualdad fiscal. Y en el camino, convirtió a los evasores en mártires modernos y a los contribuyentes honestos en idiotas útiles.

Legalizar lo ilegal, premiar al evasor

La medida, presentada como una jugada maestra para “liberar el dinero de los argentinos” consiste en permitir que cualquier persona declare hasta USD 100 mil dólares sin pagar un solo peso de impuesto ni rendir cuentas. Ni una multa, ni una tasa, ni un mínimo cargo simbólico. Apenas una declaración jurada, de dudosa obligatoriedad, y una promesa de no hacer preguntas incómodas.

Por si hiciera falta más cinismo, Milei aclaró que no será necesario identificar el origen de los fondos. “No me importa”, dijo una y otra vez. Como si fuera el dueño del país, no su presidente. Como si gobernar fuera simplemente levantar la barrera de entrada al sistema financiero, aun a costa de convertirlo en un lavadero de guante blanco.

El blanqueo no será una ley debatida en el Congreso, con controles y límites, sino (como es costumbre en esta gestión), un decreto presidencial. Porque cuando se trata de premiar al evasor, el libertario no quiere demoras ni discusiones. No importa el GAFI, ni la ley de lavado, ni las normas internacionales: Milei ya tienen decidido que el que se fugó del sistema es un genio, no un criminal.

Un modelo donde el que roba gana

Con una economía en recesión, reservas escasas y un ajuste feroz que pulverizó el ingreso de millones, el gobierno recurre al manotazo desesperado: traer dólares de donde sea, a cambio de nada. Dólares que ya no están, porque muchos debieron usarlos para pagar alquiler, comida o tarifas, o que están, sí, pero en manos de quienes más lejos están de pagar impuestos.