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Los sindigarcas traidores y vendidos: La CGT duerme mientras Milei nos rompe el «OGT»: los «gordos» no quieren hacer paro general contra el Gobierno

Con la excusa de que “perjudicaría a los que representamos”, la Confederación General del Trabajo rechazó la posibilidad de convocar una auténtica medida de fuerza para frenarle el carro a Javier Milei.

Política

Mientras el Gobierno de Javier “Jamoncito” Milei continúa avanzando con una agenda económica que impacta sobre trabajadores y sectores populares, la principal central obrera del país optó nuevamente por esconderse en eufemismo, rascarse el ombligo y hacer la plancha para no convocar a un paro general, poniendo la excusa más berreta posible.

La CGT, fiel a su costumbre de ladrar pero no morder, enfrenta ahora el desafío de explicar cómo pretende defender los intereses de los trabajadores mientras descarta una de las principales herramientas históricas de presión sindical, sino la más efectiva a la hora de lograr reivindicaciones populares.

Pero como si estuviéramos hablando de que en Argentina hay solo algún que otro problema y en vez de estar frente a la mayor crisis económica de los últimos 20 años, el cosecretario general Cristian Jerónimo se despertó por un ratito de la siesta para decir la situación social como “angustiante”. No “catostrófica”, “insostenible”, ni “terminal”, como sí lo es para un laburante promedio que no llega a fin de mes ni con dos trabajos y está endeudado hasta las verijas. No, para Jerónimo, solo hay un poquito angustia, pero el hecho de que el 30 por ciento del país sea pobre, no es motivo suficiente para llamar a una huelga general.

Lo peor del caso es que el “sindigarca” se atrevió a justificar la ineptitud de la central obrera alegando que “perjudicaría a los que representamos”. Parece más una confesión que un argumento: posiblemente, los únicos intereses que se verían perjudicados por una huelga general sería los de los propios jerarcas de la CGT, que con su sospechosa falta de respuesta ante un gobierno claramente antilaburante fomenta las ya concurrentes acusaciones de las bases sobre la compra de dirigentes por parte del oficialismo.

Y es que a estas alturas, las críticas al rumbo económico se acumulan en distintos sectores. La industria textil, por ejemplo, perdió 1.013 empresas y 26.851 empleos registrados desde diciembre de 2023. El deterioro también alcanza a otras actividades y se suma a conflictos por salarios, universidades, discapacidad y condiciones laborales, configurando un escenario de fuerte tensión social.

En paralelo, el Gobierno mantiene su impulso sobre una agenda de reformas que genera resistencia sindical. Organizaciones de trabajadores ya llevaron cuestionamientos contra la reforma laboral ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, denunciando su presunta incompatibilidad con estándares interamericanos y reclamando que se evalúe su impacto sobre los derechos laborales

La combinación entre ajuste, pérdida de puestos de trabajo y flexibilización laboral coloca a los trabajadores frente a un escenario cada vez más difícil. La CGT, pese a todo, sigue en Narnia.

La discusión deja así una paradoja política y sindical: mientras el Gobierno de Milei sostiene un rumbo que sus detractores consideran perjudicial para los sectores populares, la conducción de la central obrera evita por ahora recurrir a una medida de fuerza nacional.

Y en el medio, los trabajadores siguen reventándose el lomo para llevar un plato de comida a la mesa, y a veces, ni con eso alcanza, como queda demostrado por los 8 millones de morosos endeudados hasta el tuétano.

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