Hace unos días Jorge Rial largo una primicia que el dueño del canal La Nacion+ tendria un affaire con la periodista Cristina Peres pero ahora se habla que hay un trío en disputa la otra supuesta amante Camila Dolabjian mega operadora de la prensa mafiosa del multimedios.
El “periodismo casting sabana” Camila Dolabjian, el debate que el periodismo debe darse propósito del cruce con Ariel Zanchetta.
Hay causas judiciales que, más que esclarecer hechos, terminan desnundando otras cosas: prejuicios, operaciones y, sobre todo, la fragilidad de cierto periodismo que opina antes de investigar. El caso de Ariel Zanchetta es uno de ellos.
En su reciente intervención televisiva, Camila Dolabjian —en el programa de Cristina Pérez— volvió a instalar una narrativa que, a esta altura, no resiste el menor contraste con el expediente judicial. Porque lo cierto es que la causa que durante meses se presentó como el supuesto “gran escándalo de espionaje” terminó diluyéndose: sin detenidos, sin pruebas concluyentes y, fundamentalmente, sin vínculo concreto entre Zanchetta y los hechos más graves que se le intentaron atribuir.
Material de La Nación Más en redes sociales, donde el medio acusa de espía a Ariel Zanchetta
No es una interpretación: surge de los propios elementos del expediente. Los episodios investigados —hackeos, filtraciones, maniobras con bases de datos— no logran conectar de manera lógica ni temporal con la actividad de Zanchetta. Incluso, en algunos casos, los tiempos directamente contradicen la hipótesis acusatoria. Lo que queda, entonces, no es una red de espionaje, sino un amontonamiento forzado de hechos inconexos, una “excursión de pesca” judicial que terminó atrapando más ruido que verdad.
Frente a eso, sorprende —o quizás ya no— la liviandad con la que algunos sectores del periodismo insisten en sostener relatos que no se verifican en la realidad. Se habla de espionaje sin pruebas, se construyen culpabilidades mediáticas y se omite lo esencial: investigar.
Porque si algo deja claro esta causa es que Zanchetta, más allá de sus formas o de su perfil, desarrollaba tareas propias del periodismo: recopilación de información, análisis y producción de contenidos. Puede gustar o no, pero eso no constituye delito. Y mucho menos una conspiración.
En este punto, vale recordar lo que establecen los pilares de nuestra Constitución Nacional: el derecho a publicar ideas sin censura previa (art. 14), la prohibición de restringir la libertad de imprenta (art. 32) y la protección de las fuentes periodísticas (art. 43). No son detalles técnicos; son garantías fundacionales de una democracia.
También resuena —con una vigencia incómoda— el espíritu de Mariano Moreno en la primera edición de La Gaceta:
“El pueblo tiene derecho a saber la conducta de sus representantes, y el honor de éstos se interesa en que todos conozcan la execración con que miran aquellas reservas y misterios inventados por el poder para cubrir sus delitos. El pueblo no debe contentarse con que sus jefes obren bien, debe aspirar a que nunca puedan obrar mal. Para logro de tan justos deseos ha resuelto la Junta que salga a la luz un nuevo periódico semanal con el título de Gazeta de Buenos Ayres”.
Más actual, Byung-Chul Han, propone que el periodismo no está para amplificar ruido, sino para iluminar. Cuando la información pierde su vínculo con la verdad, se transforma en deformación. Y eso es exactamente lo que ocurre cuando se construyen relatos mediáticos sin sustento
En el interior bonaerense, Zanchetta no es una figura desconocida ni un “misterio”. Durante años fue parte del entramado real del periodismo de investigación, con paso por medios como La Verdad de Junín, colaboraciones, mentorías y un trabajo sostenido lejos de los estudios televisivos. Allí, donde el periodismo todavía implica caminar, preguntar y contrastar, su figura ha sido reconocida —y también resistida—, como suele suceder con quienes incomodan al poder.
Quizás ese sea el punto de quiebre: la distancia entre el periodismo de territorio y el periodismo de escritorio. Entre quienes construyen información y quienes replican versiones. Entre quienes buscan testimonios y quienes opinan con datos de segunda mano.
No era muy difícil que vengan al interior o busquen en la historia reciente quien es Ariel Zanchetta. La joven podría haber buscando testimonios en Junín, en el interior. o en La Plata. En el ambiente de los prensa que tienen compromiso con la ciudadanía y no con el circuito del poder, lo conocen. Aún dentro de las causas, Nova por ej: figura mencionado ,

Ariel Zanchetta junto a Mario Casalongue director de Agencia Nova
En ese contexto, no resulta extraño que figuras mediáticas desconozcan trayectorias o simplifiquen realidades complejas. Lo preocupante es que lo hagan desde la certeza, sin el trabajo previo que exige el oficio. Porque el periodismo no es repetir lo que circula: es verificarlo. Y estamos hablando de personas que supuestamente fueron a la universidad para aprender comunicación. Pero es muy común que no tengan idea de como se estructura una noticia, como se investiga y que recién al final se publica.
Por eso, cuando desde algunos sectores políticos —como el propio Javier Milei— se cuestiona el nivel del periodismo actual, el problema no es la crítica en sí, sino que, en casos como este, encuentra argumentos. No por una disputa ideológica, sino por una falla estructural: la falta de rigor.
El caso Zanchetta, lejos de ser una historia de espionaje, termina siendo un espejo incómodo. Refleja un sistema donde se acusa primero y se prueba después —si es que se prueba—. Donde la narrativa pesa más que los hechos. Y donde el periodismo, en lugar de controlar al poder, a veces termina funcionando como su eco.
Recuperar el sentido original del oficio —ese que Moreno pensó como herramienta de construcción democrática— implica algo básico: volver a la verdad. Aunque incomode. Aunque no encaje en el relato. Aunque obligue a corregir lo dicho.
Porque sin verdad, no hay periodismo. Y sin periodismo, lo que queda es otra cosa.

La ensobrada y operadora Camila Dolabjian junto a Marcelo Grandio testaferro y socio del malandra de Manuel Adorni una imagen vale más que mil palabras
EL ESCANDALO AMOROSO DEL TRIO EN LA NACION+

El 2026 viene siendo un año en donde los escándalos románticos no dieron respiro; separaciones, romances, infidelidades y demás polémicas trascendieron en estos primeros cuatro meses del año. Y la que quedó en la mira en esta ocasión fue la relación de Cristina Pérez y Luis Petri.
La pareja que tan consolidada parecía estar, pese a que hasta el momento no hubo versiones oficiales desde su lado, fue Jorge Rial el primero en plantar la información escandalosa; la misma trata de una supuesta infidelidad de ella hacia él.
“Pobre ex ministro. Enterarse por los medios que su pareja le mete los cuernos con el dueño de la empresa en la que trabaja. ¿De qué se disfrazará ahora?”, expuso el conductor de Argenzuela, sin dar nombres propios.
Pero desde el programa el runrún del espectáculo, por Crónica TV, dieron a conocer diferentes detalles. De hecho, afirmaron que “hay fuertes rumores”, y fueron directamente al hueso de esta polémica inesperada.






























